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Cambio Climático y Desarrollo en América Latina y el Caribe. Una Reseña. Coordinador: Joseluis Samaniego
 
 

Hasta hace muy poco tiempo, la discusión se centraba en el impacto ambiental de este fenómeno y solo recientemente se ha concentrado en los efectos económicos. En este libro de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que tiene por objeto contribuir a cerrar esa brecha, se ofrece un primer análisis de la información más relevante para la región sobre el tema, disponible a 2008. Asimismo, se destacan algunos aspectos económicos relacionados con el cambio climático y sus consecuencias en América Latina y el Caribe, como el vínculo con el comercio internacional, el contagio negativo de las finanzas públicas y las futuras restricciones a un desarrollo económico con alto grado de consumo de carbono. El cambio climático es una barrera para el desarrollo en términos de los recursos que se perderán o que deberán reasignarse para adaptarse a sus efectos negativos. Sin embargo, también representa una oportunidad para buscar un desarrollo de mejor calidad, con más inversiones en tecnologías que puedan mitigar algunas externalidades ambientales negativas del proceso de desarrollo.

Es importante atraer la atención de los equipos económicos de los gobiernos de la región hacia estos temas, pues cuanto mejor preparados se encuentren, menores serán las presiones imprevistas sobre el gasto y las pérdidas recaudatorias y mayor la gobernabilidad económica de los países. En suma, este libro tiene por objeto brindar a los gobiernos de América Latina y el Caribe algunos elementos de juicio que contribuyan al análisis de la relación entre cambio climático y desarrollo.

En el texto se plantea la enorme importancia de los mecanismos para distribuir adecuadamente los costos del cambio climático. Asimismo, se señala que el entorno internacional en que se desenvolverá la región sufrirá importantes modificaciones que llaman a la previsión en el ámbito del comercio y de las futuras inversiones.

Entre la información revisada se incluyó la literatura internacional más reciente sobre cambio climático que abarca a América Latina y el Caribe, como los escenarios a 2030 de la Agencia Internacional de Energía, el cuarto informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y los informes preparados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Alicia Bárcena
Diciembre de 2008
Santiago de Chile

 
 

CAPÍTULOS

Los capítulos I y capítulo IIse hace referencia a los impactos biofísicos esperados y a sus consecuencias sobre los sistemas productivos y la salud de la región. Entre los puntos más destacados se encuentran los impactos negativos generalizados en la franja intertropical, que incluyen los límites biológicos de resistencia al cambio de temperatura de algunas especies de gran importancia como el maíz, el derretimiento de las nieves y los glaciares andinos, el difícil suministro de agua a grandes zonas y la exposición a las epidemias. En suma, se habla de la gran vulnerabilidad del sector primario y de los encadenamientos productivos y fiscales que genera. Solo unas pocas subregiones de alta latitud de América del Sur tendrán ganancias productivas.

El capítulo IIIse trata el crucial problema de la adaptación al cambio climático, que todavía se caracteriza por ser más bien espontánea (PNUMA/SEMARNAT, 2006) y reactiva (CMNUCC, 2007) y estar principalmente enfocada a la atención de los desastres naturales y la posterior recuperación. La política de adaptación implica absorber las pérdidas esperables en el sector primario y en los ingresos públicos y anticipar los gastos que deberá efectuar el sector público para enfrentar las consecuencias negativas y posiblemente concurrentes del cambio climático: sequías, inundaciones, epidemias, olas de calor, pérdidas de infraestructura y otras consecuencias directas. Se destaca que el problema de América Latina y el Caribe con relación al cambio climático es fundamentalmente de adaptación, más que de mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero.

La adaptación es una tarea tanto del sector privado como del sector público. Para el primero implica la creación y el uso de mecanismos de mitigación del riesgo económico y de previsión para restringir las futuras emisiones de carbono en algunos países, en ciertos mercados de exportación y en la inversión nacional. Para el sector público supone, sobre todo, la protección de los ingresos fiscales y de las presiones sobre el gasto para mantener los equilibrios fiscales y la gobernabilidad económica.

En el capítulo capítulo IVse aborda el tema de la adaptación de la región a las consecuencias indirectas, producto de las respuestas del mundo desarrollado a sus propias medidas de mitigación. Los países desarrollados están tratando de reducir la producción de emisiones y bajar la huella de carbono y, al mismo tiempo, proteger a los sectores productivos de la competencia internacional. Las emisiones incorporadas en las exportaciones de América Latina y el Caribe, ya sea por la producción o por el transporte, se pueden ver confrontadas por restricciones en los mercados de destino. Por otra parte, junto con las restricciones al comercio internacional, se puede dar una fuga de industrias con gran cantidad de emisiones hacia los países de la región, haciendo más difícil la transformación productiva hacia sectores más limpios. Asimismo, se recoge la distinción entre importadores y exportadores netos de carbono en el comercio internacional.

En el capítulo V se hace referencia a la proyección del futuro energético de América Latina y el Caribe y se observa que, desde el punto de vista de las emisiones por consumo de combustibles fósiles, es poco alentador. Entre 1973 y 2005, la participación de América Latina en el consumo final de energía primaria aumentó del 3,7% al 5,0% del total mundial y la industria y el transporte triplicaron el consumo final de energía. A su vez, el transporte es responsable de la mayor parte del aumento del consumo de petróleo entre 1971 y 2005. En cierta medida, a esto se debe que exista un estancamiento en la mejora de la intensidad energética, que en la actualidad se encuentra prácticamente en los mismos niveles de 1980.

El tema de la mitigación y sus oportunidades es tratado en el capítulo VI. En él se analizan las principales fuentes de emisiones de GEI y se resumen las políticas y herramientas de mitigación que están siendo aplicadas en algunos países de América Latina y el Caribe. En este apartado se aprecia un aumento de las emisiones per capita en casi todos los países y se confirman como principales sectores emisores la agricultura, el cambio en el uso del suelo y el consumo energético con alrededor de 30% cada uno. Las emisiones de desechos y de procesos industriales, sumados, son menores al 10%.

Las emisiones de GEI de ALC fueron 11,78% del total mundial en el año 2000, incluyendo las provenientes del cambio del uso del suelo. Mantenerse dentro del espacio atmosférico de largo plazo que tendrá la región en el esfuerzo global implica que la inversión en tecnologías mñas limpias debería estar en niveles superiores a los observados actualmente. Parte de este esfuerzo está siendo facilitado a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). Otra parte se financiará con las ganancias en eficiencia energética. ALC debe aprovechar el margen de holgura temporal actual para iniciar su reconversión.

El capítulo hace un repaso de los proyectos registrados ante el MDL como parte de la oferta de mitigación. Se observan pocos proyectos registrados en sustitución de combustibles y oferta-demanda de eficiencia energética. Dominan los proyectos en el sector agrícola (metano de residuos agroindustriales), energías renovables (biomasa) y rellenos sanitarios.

El capítulo VII trata el contexto internacional. La región estuvo al margen de los compromisos de reducción durante el primer periodo de cumplimiento del protocolo de Kyoto (2008-2012) pero es posible que esta situación se modifique en el futuro. La negociación internacional ya apunta hacia México y Brasil como países de desarrollo medio que debieran asumir compromisos de algún tipo. Es previsible que la situación internacional evolucione hasta acordar criterios para que los países asuman compromisos cuantitativos para limitar sus emisiones en función de alguna combinación de indicadores como ingreso per cápita y nivel de emisiones; para incluir sectores altamente emisores ubicados indistintamente en países en desarrollo o desarrollados (cemento, acero, automotrices, papeleras, etc.); para introducir restricciones en el comercio internacional en función de los gases de efecto invernadero incorporados en la producción o transporte de mercancías, e incluso la aplicación de impuestos nacionales o internacionales al contenido de carbono de los combustibles fósiles sin excluir a los del transporte internacional.

La CEPAL presenta esta primera edición con el propósito, sobre todo, de llevar el tema a la atención de las áreas económicas de los gobiernos, incluyendo a los responsables de la infraestructura cuyas elecciones presentes serán de enorme importancia en la trayectoria de emisiones y en las responsabilidades futuras que deban asumir los gobiernos y sus sociedades.