 | | Robert Boyer, Director de Estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, Director de Investigación del Centro Nacional de Investigación Científica, París | | | En este artículo se hace un balance de la crisis financiera asiática y se analizan las diversas proposiciones formuladas para hacerle frente con vistas a evitar su repetición; se concluye que la globalización financiera ha desestabilizado los efectos potencialmente favorables de la apertura al comercio internacional y a la inversión productiva. Se subraya que la crisis financiera de 1997 no tuvo las consecuencias deflacionarias de la de 1929, por el efecto de las transformaciones institucionales efectuadas cuando los responsables políticos tomaron conciencia de ella. Sin embargo, la generalización de las estrategias de crecimiento impulsadas por las exportaciones tiende a repetir las situaciones de sobreproducción, agravadas por la plasticidad de las corrientes de capital internacionales. Se aprecia ahora que el siglo XXI debe marcar una doble inflexión. Por un lado habrá que buscar un mejor equilibrio entre la dinámica interna y la extraversión. Por otro lado, y sobre todo, habrá que poner en práctica una serie de reformas destinadas a evitar otras grandes crisis financieras. Están en discusión los méritos relativos de diversas opciones: negociación de un nuevo sistema internacional, plan Brady para los bancos, aplicación más estricta de las reglas prudenciales, búsqueda de transparencia en los movimientos de capital a corto plazo, la ampliación de nuevos mercados de opciones o incluso el establecimiento de un impuesto como el propuesto por Tobin. Sería peligroso introducir vuelcos estructurales en la organización productiva y social de las economías en respuesta a la sola presión que ejercen los mercados financieros internacionales. Por último, la constitución de zonas de integración regional define un camino medio entre la internacionalización en todas las direcciones y un repliegue proteccionista en el territorio nacional. En todo caso, es razonable suponer notables cambios con respecto al decenio de 1990. | |