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  • Temporeras de la agroexportación en Chile: tensiones y desafíos asociados a la relación entre la vida laboral y familiar

  • Angélica Willson y Pamela Caro
  • 2010
  • Signatura:LC/L.3117-P/E
  • 55 pp.
  • N.Venta: S.09.II.G.96
  • Series
  • Serie Mujer y Desarrollo Nº94
  • ISBN: 978-92-1-323347-4
  • CEPAL
  • ISSN: 1564-4170
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Resumen

Este estudio analiza las principales tendencias observadas en la composición y características del empleo asalariado de la agricultura de exportación y las tensiones asociadas a la relación entre vida familiar y laboral desde una perspectiva que busca poner atención en la incidencia del modelo productivo en el mercado de trabajo, en las formas de organización de las familias, las relaciones de género en su interior y el reparto de las actividades de cuidado, en un contexto en que se han mantenido prácticamente inalteradas las normas relativas a la división sexual del trabajo doméstico.

A partir de la revisión y análisis de datos estadísticos e información cualitativa se observan cambios importantes que han conllevado a una ampliación del empleo de carácter temporal en detrimento del empleo permanente y a un aumento sostenido de la participación de las mujeres en el empleo temporal agrícola, proceso que ha venido acompañado de la instalación de mecanismos de flexibilización, subcontratación e intermediación laboral con alto impacto en las condiciones de vida de mujeres y hombres que trabajan en este sector de la economía nacional.

Si bien, se observan ciertos avances en el proceso de formalización de la relación contractual y la participación en el sistema previsional de cotización individual, en materia de ingresos, tomados al inicio de la temporada —octubre, noviembre— son en general inferiores al salario mínimo, de modo que estos trabajadores/as se sitúan dentro de los dos quintiles de menores ingresos, por ende en condiciones de pobreza y vulnerabilidad. En materia de brechas salariales no se observan diferencias significativas pues el ingreso promedio mensual de las mujeres equivale al 98,4% del ingreso de los hombres, sugiriendo que a menor ingreso menor brecha salarial.

En términos sociodemográficos el estudio muestra que en general se trata de una fuerza laboral adulta-joven con bajos niveles de escolaridad. El 72,2% de las mujeres temporeras se ubica en los tramos de edad entre 20 y 44 años, edades que corresponden a la etapa reproductiva, de lo cual se infiere que un porcentaje importante de ellas asume roles y responsabilidades parentales. El mayor porcentaje de estas mujeres posee niveles de educación básica incompleta y completa. En relación a las características de las familias, más del 90% de los temporeros/as viven en hogares nucleares y extendidos. Y si bien predomina la jefatura de hogar masculina, se observa en el período comprendido entre los años 2000 y 2006, un aumento gradual de la jefatura de hogar femenina desde un 13,4% al 18,4% del total de hogares.

Respecto de la problemática del cuidado infantil, la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) 2006, del Ministerio de Planificación y Cooperación, estimó que, entre el total las temporeras agrícolas, suman 66.168 hijos/as menores de doce años, evidenciando que la cobertura de la política pública focalizada a este sector es de sólo un 22%, lo que explicaría la implementación de múltiples estrategias para enfrentar el cuidado de los niños/as en los períodos de actividad laboral intensiva. Por su parte, la Encuesta Laboral (ENCLA) 2006, de la Dirección del Trabajo, muestra una disminución sostenida del porcentaje de empresas que contrata a veinte o más trabajadoras, lo cual constituye un obstáculo para el acceso de las mujeres al derecho a sala cuna. En 1998 el 21,1% de las empresas contrataban más de veinte mujeres, mientras que en el 2006 esta cifra disminuye a sólo 12,9%. La baja cobertura de las políticas públicas orientadas al cuidado y la desprotección de los derechos laborales ligados a la maternidad y al cuidado infantil, demuestran que la compatibilización entre las responsabilidades de la vida laboral y de la vida familiar permanece como un campo de preocupación no resuelto, generando una serie de tensiones en la vida cotidiana de las temporeras que enfrentan las responsabilidades laborales y familiares a través de redes de parentesco, vecinales, la tutela de la hija mayor y/o el uso de sistemas informales de cuidado pagado, que conllevan costos económicos y emocionales y que recaen en las propias mujeres.

La mayor inserción de las mujeres en el empleo temporal no se está dando bajo condiciones de resguardo y seguridad, que vinculen derechos laborales con derechos al cuidado y protección social, como elementos indispensables para superar situaciones de exclusión social y de género.

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