| (17 de octubre, 2002) Hace dos años, en la Cumbre del Milenio, los dirigentes mundiales reconocieron los progresos alcanzados en la lucha por el desarrollo humano, pero también identificaron algunos de los graves impedimentos y amenazas, que todavía se interponen entre la humanidad y la realización de su esperanza de liberarse de la miseria y del temor, como el virus de inmunodeficiencia humana/síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA), los conflictos y el terrorismo. Su respuesta consistió en la aprobación de la Declaración del Milenio, una formulación clara de valores y prioridades para la acción en el nuevo siglo. Entre esas prioridades, la más importante fue la promesa de no escatimar "esfuerzos para liberar a nuestros semejantes, hombres, mujeres y niños, de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema". En concreto, decidieron que para el año 2015 reducirían a la mitad el porcentaje de habitantes del planeta que vivieran en condiciones de extrema pobreza y de hambre y que carecieran de agua potable; conseguirían el acceso universal a la enseñanza primaria y la igualdad de los sexos en todos los niveles de la educación; reducirían la mortalidad infantil en dos terceras partes y la mortalidad materna en tres cuartas partes; detendrían la propagación del VIH/SIDA y reducirían la incidencia de otras enfermedades graves; incorporarían los principios del desarrollo sostenible a sus políticas; y forjarían una asociación mundial para el desarrollo. Este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza nos da a todos una oportunidad de renovar el compromiso adquirido respecto de esos objetivos de desarrollo del milenio y reflexionar sobre los progresos conseguidos -o no- hasta ahora. Sin duda el mundo ha hecho algunos progresos en lo que se refiere a la pobreza. Según los últimos datos, la proporción de personas que viven con menos de un dólar diario en los países en desarrollo disminuyó de un tercio en 1990 (fecha acordada para comenzar a medir los progresos) a un cuarto en 1999. Pero no todas las regiones o países se han beneficiado de este avance. En el África Subsahariana, América Latina, el Oriente Medio y el norte de África, así como en varios países con economías en transición, el número absoluto de pobres ha aumentado. En general, el mundo no está en camino de cumplir para el 2015 los objetivos de desarrollo del milenio. En el año 2000, el último del que tenemos datos disponibles, debíamos haber recorrido el 40% del trayecto, pero en la mayoría de objetivos las cifras mundiales indican que apenas se ha logrado la mitad del progreso. Hay esperanza. Los objetivos de desarrollo del milenio son alcanzables. Pero la pobreza es un antiguo enemigo con muchas caras. Para vencerla, se necesitará que muchos actores trabajen juntos. Los objetivos de desarrollo del milenio son globales, pero lo que determinará si se han conseguido o no, es lo que ocurra en cada país por separado. Y no existe una fórmula mágica para alcanzarlos que pueda ser aplicada en todos ellos. Cada país debe encontrar la combinación adecuada de políticas, que se adapte a sus condiciones locales. Y sus habitantes deben insistir en que se apliquen dichas políticas. Que nadie piense que esto se refiere sólo a los países en desarrollo. Los países desarrollados deben velar asimismo por que ningún sector de su población se quede atrás. Además, tienen una responsabilidad especial en el plano mundial. Deben hacer lo que han prometido: abrir completamente sus mercados a los productos procedentes de los países en desarrollo, dejarlos competir en el mercado global en condiciones justas y prestar una asistencia al desarrollo mucho más generosa. Sin todo esto, muchos países en desarrollo no podrán cumplir los objetivos del milenio, por mucho que lo intenten. En otras palabras, no es aquí en las Naciones Unidas ni gracias al trabajo de los funcionarios de las Naciones Unidas, como se pueden lograr esos objetivos. Ellos tienen que ser alcanzados en cada uno de los países, mediante los esfuerzos de su gobierno y de su población. Por esta razón he comenzado una Campaña del Milenio: para que se conozcan mejor los objetivos en todo el mundo y para conseguir que la opinión pública los respalde. Cada año elaboraré un informe mundial. Pero espero que todos los países en desarrollo, con la ayuda de las Naciones Unidas y de otras instituciones internacionales, elaboren también su propio informe anual, de manera que en cada país las personas sepan si están avanzando. Nuestra esperanza es que, en esta era de democracia, cuando la población esté informada, reclame la acción. En este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, reconozcamos que la extrema pobreza supone una amenaza para la seguridad humana. Recordemos que la pobreza es una negación de los derechos humanos. Por primera vez en la historia, en esta época de riqueza y destreza técnica sin precedentes, tenemos capacidad de salvar a la humanidad de este vergonzoso flagelo. Unamos nuestras voluntades para hacerlo. Kofi A. Annan Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (17 de octubre) En 1992, la Asamblea General acogió con satisfacción el hecho de que el 17 de octubre algunas organizaciones no gubernamentales, por iniciativa de una de ellas (el Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo, con sede en Francia) había celebrado en muchos países el Día Mundial para la Superación de la Pobreza Extrema y declaró esa fecha Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. La observancia del Día tiene por objeto sensibilizar a la opinión pública respecto de la necesidad de erradicar la pobreza y la indigencia en todos los países, en particular los países en desarrollo, necesidad que se ha convertido en una prioridad. |