Ha transcurrido un año desde los ataques terroristas contra Estados Unidos. Ha transcurrido un año -y, sin embargo, el tiempo no ha podido borrar el horror de ese día, nuestra conmoción, nuestro dolor, nuestra piedad por los niños, los cónyuges, los amigos y las familias de los que perecieron. Todavía estamos bajo los efectos de esa conmoción.
El 11 de septiembre, el mundo se vio envuelto en el dolor -no sólo por solidaridad con el pueblo de Estados Unidos, sino también por una pérdida compartida. Hijos e hijas de más de 90 naciones perdieron sus vidas -asesinados ese día, por la única razón de haber decidido vivir en Estados Unidos. Hoy nos congregamos como comunidad mundial porque fuimos atacados como tal.
Han habido y habrán ocasiones de examinar las causas de los ataques -y desde luego deben examinarse. Habrán otras ocasiones para debatir la respuesta que debemos dar a los ataques -y desde luego debe debatirse. Habrán otras ocasiones para considerar la mejor manera de mantener la unidad mundial de ese día -y desde luego deben considerarse.
Pero hoy es un día para la memoria, para el respeto. Un día para recordar la pérdida de quienes murieron tratando de escapar del incendio, y el sacrificio de quienes murieron acudiendo hacia él. Un día para recordar las vidas de los ciudadanos de todas las regiones del mundo que afrontaron el peligro y la muerte sin previo aviso, sin causa, sin que se les ofreciera oportunidad alguna. Una fecha para recordar el espíritu de unidad que se apoderó del mundo ese día -de Nueva York a Teherán, de Berlín a Beijing- frente a un horror inimaginable.
No podía haber mayor afrenta al espíritu y a los propósitos de las Naciones Unidas que los ataques terroristas del 11 de septiembre. Todo por lo que nos esforzamos -la paz, el desarrollo, la salud, la libertad- ha sufrido el daño de este horror. Todo aquello en lo que creemos -el respeto a la vida humana, la justicia, la tolerancia, el pluralismo y la democracia- está amenazado por él. El horror debe ser derrotado -por el mundo unido.
Que el recuerdo de quienes perecieron el 11 de septiembre sirva para promover un mundo mejor, más justo y más pacífico para todos.
Kofi Annan