| Hoy en día, una de cada 10 personas tiene más de sesenta años de edad. Para el año 2050, esta proporción se doblará a una de cada cinco. Uno de los mayores retos de todos nosotros como una comunidad global, en el nuevo siglo, es adaptarnos a esta revolución demográfica. La tarea que nos persigue es trabajar en el ímpetu generado por el Año Internacional de las Personas de Edad, el año pasado. Necesitamos una reorientación dramática de actitudes, ideas y políticas hacia las personas en envejecimiento. Nociones rígidas y de rechazo a "edad" y "envejecimiento", no son aceptadas en el mundo de hoy. Necesitamos reconocer que el curso de la vida humana dota a las personas mayores de invaluable conocimiento, experiencia y sabiduría, cualidades que vale la pena aprovechar; pero, las cuales, en cambio, son casi siempre marginadas o dejadas morir inactivas. Las generaciones jóvenes de hoy serán una parte importante en esta transformación y nos incumbe a todos cultivar los estilos de vida saludables, flexibilidad y previsión que los ayudará a aprovechar al máximo su esperanza de vida. También podemos encontrar algo importante de uno o dos consejos de esas sociedades que veneran y sacan fuerza de sus ancianos. En lo que a políticas se refiere, el tema de la vejez debe traerse de la periferia, al centro de la agenda global, de manera que las políticas públicas reflejen más adecuadamente las necesidades económicas y sociales de un mundo en envejecimiento. Las poblaciones de los países en desarrollo envejecen más rápido que aquellas de los países desarrollados y tendrán menos tiempo para adaptarse a las consecuencias. Los países en desarrollo, mientras tanto, ya han visto que el porcentaje de edad de sus poblaciones crece significativamente y están esforzándose por afrontar este impacto. Estas variaciones en el ritmo de envejecimiento podría dar la oportunidad a diferentes sociedades a ayudarse unas a las otras y a sacar provecho de las experiencias de cada una. En el curso del próximo año debemos empezar a enfocar nuestra atención en la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, que se efectuará en España en el 2002. Debemos aprovechar esta ocasión para revisar actitudes, reformas de políticas y reafirmar nuestro compromiso a construir una "sociedad para todas las edades" en el siglo XXI. |