La tortura es una de las más atroces violaciones de la dignidad humana. Como la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes nos dice: "En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura".
Los horrendos eventos del 11 de septiembre de 2001 impulsaron un debate en muchos frentes acerca de los medios que pueden ser requeridos y justificados para combatir la amenaza del terrorismo. Pero seamos claros: las palabras arriba citadas de la Convención contra la Tortura permanecen tan verdaderas y relevantes hoy como cuando el documento entró en vigor en un día como este hacen ya 15 años. No podemos alcanzar la seguridad sacrificando los derechos humanos. Eso les daría a los terroristas una victoria más allá de sus sueños - temo que, en lugar de prevenir el terrorismo, lo alentaríamos.
La humanidad debe continuar unida en la lucha contra la tortura. El amplio compromiso con esa lucha está ya demostrado por el papel principal de las organizaciones no gubernamentales en la campaña en contra de la tortura y en contra de la impunidad de aquellos que la cometen; y por la contribución de los Gobiernos, a través del Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura, en apoyo de cientos de proyectos de ONGs en todo el mundo. Esos proyectos proveen crucial asistencia médica, psicológica, económica, social, legal y otras, a cientos de miles de víctimas de la tortura y a sus familias.
En este Día Internacional en Apoyo a las Víctimas de la Tortura, llamo a todos los Gobiernos a que aporten generosamente al Fondo, para que un número aún mayor de proyectos puedan ser financiados el año que viene. Y llamo a todos nosotros a que redoblemos nuestra resolución para erradicar la tortura de la faz de la tierra.