| A pesar de ser una enfermedad prevenible y curable, 5.000 personas mueren cada día de tuberculosis. Es evidente que debemos esforzarnos más para alcanzar, para 2015, el objetivo de desarrollo del Milenio de detener y empezar a revertir la propagación de la tuberculosis, una de las principales enfermedades del mundo. Gracias a una ampliación a gran escala de la estrategia de tratamiento breve bajo observación directa para controlar la tuberculosis recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la que se han beneficiado 17 millones de personas en nueve años, han mejorado enormemente nuestras perspectivas de alcanzar ese objetivo. Según la OMS, con los programas de tratamiento breve bajo observación directa se logra curar a ocho de cada diez pacientes y en 2003 se trató al 45% de pacientes infecciosos, en comparación con el 28% en 2000. Sin embargo, siguen existiendo grandes obstáculos, en particular en África, como sistemas de salud deficientes, escasez de personal sanitario y una epidemia del VIH/SIDA que fomenta la propagación de la tuberculosis. Tal como dijo Nelson Mandela, "No podemos ganar la batalla contra el SIDA si no luchamos también contra la tuberculosis. Con demasiada frecuencia la tuberculosis condena a muerte a los enfermos de SIDA". Insto a los dirigentes africanos a que den prioridad a la lucha contra ambas enfermedades. La Alianza "Alto a la tuberculosis", integrada por 350 organizaciones y gobiernos asociados, está mejorando la situación porque forja consensos sobre estrategias, respuestas coordinadas, mecanismos para garantizar la calidad del abastecimiento de fármacos y la adopción de medidas relativas a nuevos diagnósticos, fármacos y vacunas. Además, los gobiernos, los organismos bilaterales, el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, y el Banco Mundial están aportando más recursos. Aun así, para lograr una repercusión a escala mundial es necesario hacer más. Y debemos prestar más apoyo al número cada vez mayor de personas que ayudan a detectar a enfermos de tuberculosis y les ayudan con el tratamiento. Entre esas personas no sólo se incluyen médicos y enfermeras de la sanidad pública, sino también dirigentes comunitarios, antiguos pacientes, grupos de mujeres, etc. Una amplia movilización de esa índole es nuestra arma más potente para luchar contra la enfermedad. Con motivo del Día Mundial de la Tuberculosis, es preciso que afiancemos nuestro compromiso con ese objetivo. |