(8 de marzo, 2001) Han transcurrido veinticinco años desde el 8 de marzo de 1976, fecha en que celebramos por primera vez el Día Internacional de la Mujer en las Naciones Unidas. Un cuarto de siglo más tarde, tenemos muchos motivos para congratularnos. Se han hecho grandes progresos para mejorar la situación de la mujer -desde la aprobación de leyes más favorables hasta una mayor participación, desde la Conferencia de El Cairo sobre población y desarrollo hasta la Plataforma de Acción de Beijing, desde la potenciación de la capacidad económica de la mujer hasta su emancipación intelectual.
Pero en este Día Internacional de la Mujer debemos recordar también que, para la mayoría de las mujeres del mundo, la vida cotidiana sigue siendo ardua y a veces peligrosa. En el curso de este último año se han puesto más claramente de relieve los objetivos de la igualdad entre los géneros, el desarrollo y la paz, que siguen teniendo importancia fundamental y que aún estamos lejos de alcanzar.
El mes de junio último, en el período extraordinario de sesiones de la Asamblea General convocado para evaluar los progresos realizados cinco años después de la Conferencia de Beijing, vimos que si bien en algunas esferas habíamos avanzado en la aplicación de la Plataforma de Beijing, en muchas otras aún estábamos muy retrasados. En octubre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas hizo hincapié en una de las más apremiantes de estas cuestiones cuando celebró su primer debate público sobre la mujer, la paz y la seguridad.
Uno de los aspectos trágicos de los conflictos de la era contemporánea es que las mujeres y las niñas sufren sus consecuencias cada vez más intensamente y de manera desproporcionada. A pesar de que ni inician los conflictos ni los llevan adelante, se han convertido en el blanco directo de ataques, en muchos casos para humillar al adversario y quebrantar la moral y la resistencia de sociedades enteras. Se han tomado medidas para poner fin a la cultura de impunidad que hace que persista esta práctica deplorable -tanto en los Tribunales Penales Internacionales para la ex Yugoslavia y Rwanda como mediante la aprobación del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Es nuestra obligación continuar esta labor.
Pero no debemos contentarnos con ello. Como se señala claramente en la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad, es necesario abordar la cuestión de la mujer, la paz y la seguridad en varios frentes. Si bien las mujeres suelen ser las primeras víctimas de los conflictos armados, también debemos reconocer que son uno de los elementos clave para solucionarlos. Debemos redoblar nuestros esfuerzos por integrar a la mujer más eficazmente en los procesos de paz en todo el mundo.
Se reconoce cada vez más que las mujeres tienen aptitudes y experiencias que les permiten hacer una contribución en todas las etapas del proceso de paz. En épocas de conflicto, suelen ser ellas las que asumen la responsabilidad por sus familias, sus campos y sus comunidades. Las mujeres saben cuáles son las causas fundamentales de tensión y saben también cuáles son los grupos de poder, en sus comunidades y sus países, que probablemente apoyen las iniciativas de paz. Las mujeres son capaces de colaborar entre sí y de comunicarse a través de las barreras y brechas que las separan. Debemos aprovechar mejor este potencial y asegurarnos de que estas experiencias se repitan en todos los niveles, en los planos nacional e internacional.
Debemos promover la colaboración entre todas las partes interesadas -los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, los grupos comunitarios y el sector privado- a fin de que un mayor número de mujeres participen en las negociaciones y ocupen puestos que les permitan tomar decisiones. Debemos actuar, conscientes de que la plena participación de la mujer para prevenir y resolver conflictos es indispensable para mantener y promover la paz y la seguridad en el siglo XXI. Hagámonos el firme propósito, en este Día Internacional de la Mujer de 2001, de que esto sea nuestra guía en el futuro, para que la paz sea más duradera en el nuevo milenio.
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