Hoy, celebramos por primera vez en las Naciones Unidas el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Ésta es una oportunidad para que concentremos nuestra lucha contra la violencia de género en todas sus formas, ya sea violencia doméstica, violación, acoso sexual, tortura y abuso de mujeres prisioneras o bien violencia contra la mujer durante conflictos armados. Tenemos la obligación de crear conciencia colectiva acerca de este flagelo mundial en todas sus formas y de asegurar que, donde quiera que ocurran tales situaciones, serán condenadas en el mundo entero.
Desde la creación de las Naciones Unidas, ha habido un reconocimiento creciente de los derechos humanos como parte fundamental del bienestar y del desarrollo del individuo, de la comunidad, de la nación y del mundo. También ha habido una mayor conciencia de las violaciones de los derechos de las mujeres y de las niñas. Sin embargo, la violencia contra la mujer -una de las formas más vergonzosas de todas las violaciones de los derechos humanos- sigue siendo ampliamente ejercida. No conoce fronteras geográficas, culturales o económicas. Acontece en tiempos de paz y durante los conflictos armados, en el hogar, en el lugar de trabajo y en las calles. Obstaculiza nuestro avance hacia la igualdad, el desarrollo, la paz y los derechos humanos para todos.
En nuestra lucha por enfrentar la violencia contra la mujer, hemos avanzado tanto a nivel nacional como internacional. Los Estados Miembros de las Naciones Unidas han aprobado la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en la que se señalan estrategias para su eliminación. Los Estatutos de los Tribunales Penales Internacionales especiales para la ex Yugoslavia, Rwanda y Sierra Leona y el Estatuto de la Corte Penal Internacional de 1998 comprenden los crímenes de género contra la mujer durante los conflictos. Ha habido movilizaciones en todo el mundo contra las prácticas tradicionales dañinas tales como los llamados "crímenes de honor", que yo preferiría llamar "crímenes vergonzosos".
Los Estados Miembros han promulgado leyes que prohiben la violencia contra la mujer, tanto en el hogar como en el lugar de trabajo y en todos los ámbitos de la sociedad. Éstos han incorporado servicios de protección y a profesionales capacitados para actuar de manera efectiva. También han iniciado campañas para que todos los sectores de la sociedad entiendan que la violencia contra la mujer es inaceptable en cualquiera de sus formas.
Pero, debemos ir mucho más lejos aún. Cuando los Estados Miembros se reunieron en junio para examinar el avance de ejecución de la Plataforma de Acción de Beijing, se comprometieron a prestar especial atención a la violencia contra la mujer mediante el cumplimiento de las metas de igualdad de género, desarrollo y paz. Acordaron revisar las leyes, enjuiciar a los autores de delitos y seguir buscando las causas fundamentales de la violencia contra la mujer como una forma de crear programas efectivos para combatirla. Aceptaron considerar la idea de una campaña internacional para difundir el mensaje de "tolerancia cero" tan lejos y tan ampliamente como sea posible.
Hoy, queremos recordar que las medidas para eliminar la violencia contra la mujer son de responsabilidad de todos nosotros: la familia de las Naciones Unidas, los Estados Miembros, la sociedad civil y las mujeres y los hombres como individuos. Este día, así como los Dieciséis Días de Activismo contra la Violencia de Género que inauguramos hoy, nos brindan la oportunidad de comenzar a construir un nuevo Milenio sin violencia contra las mujeres y las niñas, una era en que toda la humanidad sepa que cuando se trata de violencia contra la mujer, no hay lugar para la tolerancia ni hay excusas tolerables.