Hace dos días en Annapolis (EE.UU.), en una reunión convocada por el Presidente Bush y frente a una amplia gama de representantes de la comunidad internacional - incluyendo a miembros de la Liga Árabe-, el Presidente Abbas y el Primer Ministro Olmert acordaron comenzar negociaciones sobre todos los temas contenciosos sin excepción, con miras a obtener un tratado de paz que resuelva todos los temas pendientes. Se comprometieron hacer todos los esfuerzos posibles para lograr esto en 2008.
La implementación de todos los acuerdos será de suma importancia. Lo que hagamos mañana será más trascendental que lo que decimos hoy. En la conferencia de Annapolis, reiteramos el apoyo total de la ONU a este nuevo impulso al proceso de paz. Hice hincapié en que, durante los últimos 60 años, la ONU ha sentado parámetros amplios para la paz, primero en el plan de partición, después, en las resoluciones 242, 338, 1397 y 1515 del Consejo de Seguridad, y que ahora, la ONU tiene pocas prioridades más importantes que la solución de este conflicto.
Todos sabemos las razones del por qué. Los palestinos han sido privados del derecho inalienable de la auto-determinación durante los últimos 60 años. La sociedad palestina ha sufrido una fragmentación creciente - de su territorios por los asentamientos, las expropiaciones de tierra y la barrera dentro del territorio palestino ocupado; social y económicamente, por encierro; y políticamente, entre Gaza y la Cisjordania. Han empezado a temer que el sueño de levantar un Estado se les pueda escapar. Hay que revertir la desesperación creciente.
El proceso iniciado en Annapolis debe cambiar las vidas de los palestinos y asegurar su independencia y libertad. Deber concluir la ocupación y crear un Estado palestino independiente y viable, en paz consigo mismo y con sus vecinos. También tiene que cumplir con los intereses vitales de los israelíes: un Estado Palestino que es un socio verdadero y no una fuente de terrorismo, fronteras seguras y reconocidas, y un fin permanente al conflicto.
No podemos cerrar nuestros ojos a las dudas profundas y falta de confianza que existen por ambos lados sobre la voluntad y la capacidad del otro para lograr estos objetivos. A pesar de diversos hitos diplomáticos, las condiciones en terreno se han tornado más duras, no más fáciles, para la mayoría de los palestinos, y para muchos israelíes, también. Israel enfrenta amenazas genuinas a su seguridad, y civiles israelíes han muerto y resultado heridos en ataques de cohetes. Civiles palestinos han muerto y quedado heridos en operaciones militares israelíes. La Franja de Gaza ha sido cerrada casi completamente, con fuertes restricciones de abastecimiento y de traslado de personas, dando lugar a una situación humanitaria grave. Los asentamientos han ido extendiéndose por la Cisjordania. Puestos de control y una barrera han sido levantados en territorios ocupados. El desempleo y la pobreza están en aumento.
Las indignidades, las injusticias y el temor por ambos lados dificultan la labor de construir fe en el proceso político. Pero esto es precisamente lo que tenemos que hacer. Debemos abandonar aproximaciones fragmentadas y abordar todos los aspectos del conflicto.
Negociaciones para un estatus final tienen que empezar en serio, y hacerse cargo de todos los temas: Jerusalén, refugiados, fronteras, asentamientos, seguridad y agua. El marco general de las soluciones a estos temas está claro.
También tenemos que ayudar a la Autoridad Palestina a reconstruir, reformar y actuar. Espero que un gama amplia de donantes ofrecerán apoyo político y financiero en la próxima conferencia de Paris y más adelante.
La situación en terreno también tiene que mejorar, rápidamente y visiblemente. Sin la implementación de los compromisos anteriores asumidos bajo la Hoja de Ruta y el Acuerdo sobre Movimiento y Acceso, el proceso diplomático no puede tener éxito. El avance requiere de acciones paralelas y un monitoreo transparente.
Si se construye la paz sobre la esperanza y no la desesperación, también tenemos que extender una mano a los residentes de Gaza. Ellos han sufrido más que nadie a causa del conflicto y la pobreza. La asistencia humanitaria es vital, y los esfuerzos de la ONU requieren el apoyo de los donantes. Pero este tipo de asistencia no puede sustituir a una economía que funcione. Ha llegado la hora de iniciativas concretas para aliviar su sufrimiento. La unidad de Gaza y Cisjordania bajo la legítima Autoridad Palestina también tendrá que ser restaurada para que el acuerdo de paz sea sostenible.
La visión de un fin a la ocupación, un fin al conflicto, y dos Estados viviendo juntos en paz es una visión de justicia, seguridad y paz. Todavía es alcanzable. Pero sólo será realidad si todos los involucrados asumen con responsabilidad las contribuciones que les corresponden. Ahora que el liderazgo palestino ha emprendido una nueva búsqueda con Israel para poner fin al conflicto y alcanzar un futuro mejor para sus hijos, mostramos nuestra solidaridad con el pueblo palestino - y también con el pueblo israelí -entregando nuestro firme apoyo a sus esfuerzos, y no descansaremos hasta lograr la meta.
*** TRADUCCIÓN NO OFICIAL ***