El tema con que se conmemora este año el Día Internacional de la Juventud es 'Encarar juntos la pobreza: los jóvenes y la erradicación de la pobreza".
Los jóvenes del mundo, cuyo número asciende en la actualidad a más de 1.000 millones, constituyen un importante recurso humano para el desarrollo y pueden ser un agente clave de la innovación y el cambio social positivo. Sin embargo, la magnitud de la pobreza juvenil priva al mundo de ese potencial. En un mundo de ingentes recursos, casi uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 24 años de edad debe subsistir con menos de un dólar al día y casi la mitad de ellos vive a duras penas con menos de dos dólares diarios.
Además, si bien los jóvenes constituyen una cuarta parte de la fuerza mundial de trabajo, representan la mitad de sus desempleados. Los mercados laborales están encontrando dificultades para proporcionar a los jóvenes, a excepción de los altamente cualificados, un empleo estable con buenas perspectivas de futuro. Sin un trabajo digno, los jóvenes corren especial riesgo de acabar sumidos en la pobreza, lo que a su vez viene a complicar su acceso a la educación y los servicios básicos de salud, disminuyendo aún más sus posibilidades de encontrar un empleo. A largo plazo, los jóvenes desfavorecidos tropezarán con obstáculos más difíciles de superar en la senda del progreso, limitando sus posibilidades de acumular los activos que suele traer aparejado el empleo estable de larga duración, como el acceso a bienes y recursos, unas sólidas redes sociales o una posición decisoria dentro de la familia o la comunidad.
El reto que afrontamos es evidente: debemos prestar más atención a la educación y, en particular, a la transición de la educación al empleo. Asimismo, la capacidad de la juventud para encontrar un empleo pleno y productivo ha de ser un objetivo básico