| ¿Época de cambios o cambio de época? Columna de opinión de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL (13/11/08). No hay que equivocarse, ésta no es una época de cambios sino un cambio de época. Se han puesto en riesgo dos bienes públicos globales vitales para la supervivencia del mundo como lo conocemos: la estabilidad financiera y la seguridad climática. Hoy me referiré a la crisis financiera. La actual crisis financiera internacional es la más profunda y severa desde la gran depresión de los años treinta. La combinación de sobreendeudamiento, excesiva exposición al riesgo en el mercado inmobiliario de Estados Unidos, aunado a la falta de transparencia, regulación y supervisión en los mercados financieros, se convirtieron en la fórmula ideal de una "tormenta perfecta" que se desencadenó en Estados Unidos y de ahí en Europa, Japón para alcanzar sin piedad a las economías emergentes y en desarrollo. De alcances insospechados, sus efectos apuntan a una recesión global sin precedentes con impacto en la economía real con un crecimiento mundial de hasta 3 por ciento en 2009. A pesar de los anuncios de rescate con cifras de 3 a 4 billones de dólares, la realidad es que prevalece la incertidumbre, el temor y la desconfianza. Colapsó una ingeniería financiera compleja e inexplicable para muchos ciudadanos que no logran asimilar la dimensión y distribución de costos de esta crisis. El impacto en América Latina y el Caribe será heterogéneo de acuerdo con la solidez de cada economía relacionada con la prudencia y disciplina fiscal de los últimos años, la acumulación de reservas internacionales, la menor y mejor deuda externa. Pero ningún país estará inmune a la crisis. La crisis tiene cuatro canales de transmisión: el contagio financiero, el precio de los productos básicos, las remesas de emigrantes y la caída de la demanda externa. El primero se traduce en mayores costos de financiamiento con gran escasez de crédito y falta de liquidez. Los precios de los productos básicos, que crecieron fuertemente hasta el tercer trimestre, empezaron a bajar debido a la liquidación de instrumentos especulativos basados en estos precios, a la menor demanda y la apreciación del dólar. El aumento de estos precios benefició a países exportadores de alimentos y energía y ahora son los que se verán más afectados. Las remesas de trabajadores han caído por la contracción de la construcción en países desarrollados. Estos factores afectarán más a México y Centroamérica, que dependen más de la economía de Estados Unidos, destino principal de sus trabajadores. Los efectos de la crisis tendrán fuertes implicaciones para el ciudadano común pues amenazan su empleo, sus pensiones, su acceso al crédito, especialmente a los jóvenes y a los más pobres. De allí la importancia de recolocar el desarrollo de otra manera, con amplitud de miras, a paso y medida que se reconstruye el orden económico internacional abordar la agenda futura con una profunda identidad latinoamericana y caribeña que fortalezca su potencial endógeno. Iniciativas adoptadas para enfrentar la crisis A la par de los paquetes de rescate en Estados Unidos y Europa se plantea la inminente reingeniería de la arquitectura financiera internacional. El Banco Mundial llamó a la urgente incorporación de las principales economías emergentes del Grupo de los 5 además del tradicional G-8: esto es, Brasil, China, India, México y Sudáfrica. Posteriormente se consideró más apropiado re-constituir el G-20, considerando que en conjunto estos países representan el 60 por ciento y 85 por ciento de la población y la economía mundial, respectivamente. El futuro de la economía global depende de 20 países. Éstos tienen la alta responsabilidad de reformar o reinventar el nuevo orden financiero y económico que reconozca los nuevos equilibrios de poder entre las economías desarrolladas, las emergentes y las menos desarrolladas. Qué les podemos decir desde esta tribuna. Evítese la sobre-regulación de los mercados financieros, las posiciones proteccionistas en el comercio y protéjase el gasto social a todos niveles. Inviértase en infraestructura para generar empleo. Las naciones emergentes pueden dinamizar la demanda interna para apoyar a las economías desarrolladas pero toca a estas naciones el compromiso ético de solidarizarse con las poblaciones más vulnerables. Naciones Unidas como el foro multilateral más democrático y representativo, y como garante universal del desarrollo sostenible con equidad vía los Objetivos de Desarrollo del Milenio, tiene la tarea de fortalecer la inversión social en el sistema multilateral, debe proveer bienes públicos globales: paz, desarrollo, equidad. La autoridad moral de la ONU está en juego y por ello tiene un papel central en la resolución de problemas sistémicos globales. Será posible que en este milenio se elimine la pobreza extrema y la desigualdad de la faz de la tierra. La redefinición del sistema financiero internacional ofrece la oportunidad y por ello representa el inicio del cambio de época. ___________________________________________________
El título de este artículo proviene de una conversación con el doctor Osvaldo Sunkel, presidente de la Revista CEPAL. ___________________________________________________ Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL
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