Columnas de opinión y artículos de la Secretaría Ejecutiva

¿Podrá ser Doha el hito para el cambio de rumbo en el desarrollo?
Columna de opinión de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL (19/12/08).

La reciente conferencia internacional de Doha, Qatar, sobre Financiamiento y Desarrollo realizada entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre pasados fue escenario para hacer un balance del Consenso de Monterrey acordado en 2002.  Ahí se dieron cita las más altas autoridades de 160 naciones, incluyendo 40 Jefes de Estado. Las respuestas dadas por los países desarrollados en este periodo son insuficientes sobre todo porque no se cumplieron las metas mínimas de cooperación para el desarrollo. Países como Brasil, Chile, España y Francia en cambio se han dado a la tarea de desarrollar fuentes innovadoras. Hoy es más  urgente que nunca cumplir con las Metas del Milenio para el año 2015. Frente a la crisis los fondos internacionales de cooperación deben ser contra cíclicos y con ello garantizar redes de apoyo a los países más vulnerables y a las comunidades más pobres.

Cabe destacar el fuerte consenso de  todos los países, desarrollados y en vías de desarrollo, por evitar que la actual crisis económica se transforme en un obstáculo para el avance en el cumplimiento de los acuerdos  de la Declaración de Monterrey. Se enfatizó en la necesidad de que los costos de  ésta  crisis se  distribuyan  de manera justa y equitativa entre las naciones.  Esto se materializó en el  compromiso de profundizar y fortalecer la agenda de desarrollo  que contempla Monterrey, que tal como lo señaló el Secretario General de la Naciones Unidas, Ban Ki-moon implica una nueva era de colaboración entre el Norte y el Sur.

La conferencia estuvo marcada por los desafíos que afectan a la comunidad internacional  y en particular a los sectores  más pobres y golpeados por  las crisis globales, tales como  la creciente  inseguridad alimentaria, la volatilidad en los precios de la energía y los alimentos, el cambio climático y  la actual crisis financiera.

Se consideró que una implementación efectiva y oportuna de la agenda de Monterrey, requiere mantener  y profundizar los acuerdos en torno a la Ayuda Oficial para el Desarrollo, a pesar de las restricciones que hoy en día impone la crisis financiera. Esto implica preocuparse tanto del volumen de recursos, como de su asignación. Respecto a lo primero, si bien se reconoce que a partir de Monterrey 2002 se observa un aumento real de la ayuda oficial para el desarrollo  -cercano a un 40%-   ésta se ha ralentizado   a partir de 2005, por lo que es imperativo que los países desarrollados cumplan con la meta comprometida de destinar un  0.7% de su Producto Interno Bruto para apoyar a los países en desarrollo,  para   2015.

Se advirtió también,  que el incremento de los volúmenes de la ayuda oficial para el desarrollo debe ir acompañado de cambios significativos en los criterios y mecanismos de asignación de los recursos, los que  hasta ahora se han dedicado significativamente al alivio de la deuda de estos países y a la asistencia humanitaria. Potenciar la eficiencia y eficacia en el uso de la ayuda es también uno de los principales desafíos futuros que se plantearon en Doha.

Hay varios pasos establecidos para cumplir con las metas acordadas: avanzar en una participación consensuada de países desarrollados y en desarrollo  en la definición de los objetivos de la asistencia oficial; asignar a los países los recursos  de manera tal  que les permitan  ampliar su autonomía de acción aplicando políticas públicas compatibles con su situación; garantizar la estabilidad y seguridad  de los flujos de ayuda oficial, los que deben ir acompañados con la puesta en marcha de mecanismos de monitoreo y evaluación  en los países receptores, a fin de mejorar la capacidad de evaluar el impacto de estos recursos.

Frente al tema de la actual crisis financiera se estimó que, junto con enfatizar la necesidad de avanzar en profundas reformas a los dispositivos e instituciones que gobiernan el sistema financiero global, era necesaria una mayor participación de las economías en desarrollo en estos debates. De esta manera se facilitarían  mayores consensos y la adopción de  medidas  para fortalecer y mejorar el funcionamiento del sistema económico internacional.

Esta nueva arquitectura financiera internacional debe no sólo responder a las demandas actuales de los países en vías de desarrollo, sino también a sus demandas históricas y sobre todo con una visión de futuro.

Esto requiere profundizar en los nuevos paradigmas de desarrollo en donde se requiere repensar la institucionalidad multilateral tanto a nivel global como regional. Esto incluye desde Naciones Unidas hasta las de Bretton Woods. En particular nuestra región de América Latina y el Caribe tiene una ventana de oportunidad para rescatar su historia y desde ahí recolocar el desarrollo con equidad y sostenibilidad. Se requieren nuevas instancias internacionales de diálogo y cooperación que permitan perfeccionar los mecanismos de financiamiento contra cíclico y que apoyen a los países en desarrollo a potenciar  instrumentos para la prevención de crisis. Esto incluye establecer un marco regulatorio global que se construya desde lo regional y que tome más en cuenta las necesidades y realidades de las economías en desarrollo.

Esperemos que la Conferencia Internacional que convocará la Asamblea General el próximo semestre en 2009.

Estos desafíos viejos y nuevos que enfrenta la región y tan centrales para el desarrollo regional, seguirán formando parte del eje de nuestra reflexión en la CEPAL. Los eventos del último lustro han abierto nuevos senderos para el debate económico, social y ambiental, dominado hasta hace no mucho tiempo por dogmas cuya validez no ha sido confirmada por los hechos. Esta apertura del debate debe verse, por lo tanto, como uno de los elementos positivos de esta crisis porque responde a una demanda de cambio que se ha hecho evidente tanto en el mundo político como en la ciudadanía toda. De nuestra posibilidad de responder a estas nuevas demandas dependerá la capacidad de la región de iniciar una nueva fase de crecimiento económico con equidad, cohesión social y sostenibilidad ambiental. Las crisis brindan siempre oportunidades de reflexionar y, si es necesario, de corregir el rumbo.

Alicia Bárcena,
Secretaria Ejecutiva de la CEPAL


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